La sangre, de líquido vital a un proceso fisiológico

Seguramente habrás visto alguna serie de televisión o en películas cómo los científicos o investigadores analizan muestras de sangre para verificar un sinnúmero de cosas y así atrapar al “malo”.

Son tantas las series y películas de este tipo en donde a veces nos llegan a sorprender cómo a través de una química sanguínea es posible obtener tanta información.

Mucho de esto se debe a los grandes avances científicos y tecnológicos más las miles de horas de ensayos, errores e investigación para interpretar la información y darle “voz y rostro” a una gota de sangre.

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Y a todo esto, te has preguntado ¿cómo fue que alguien se le ocurrió que la sangre fuera la fuente de tanta información?

¿A quién se le ocurrió realizar diversas mezclas con sustancias, idear los instrumentos adecuados y con ello llegar a establecer técnicas concretas para generar una experimentación científica?

Considero que éstas y una larga lista de preguntas te habrán surgido al igual que a mí, y eso amerita que investiguemos un poco.

No seremos exhaustivos, solo colocaremos algunos puntos para guiarnos.

Y serán algunos puntos, porque hasta la fecha sabemos que el estudio de la sangre ha sido producto de muchas mentes a lo largo de la historia de la humanidad.

Solo trasládate en aquellos tiempos remotos cuando una persona o ser vivo sufrían de una herida y al derramarse ese líquido rojo, ese ser dejaba de vivir.

Por ello, desde esa remota antigüedad, la sangre ha sido considerada como la esencia de la vida y por ello ha fascinado a la humanidad.

Por lo que, resolver preguntas sobre cómo se origina, de qué está hecha y cómo se mueve han sido prácticamente los motores para alcanzar grandes descubrimientos y llegar hasta donde ahora sabemos.

De esta forma, cada una de las épocas del saber humano y de acuerdo a los conocimientos a su alcance, ofrecieron su propia explicación, aportando valiosos descubrimientos, creando una serie de importantes hallazgos que, al acumularse, han permitido entender los procesos fisiológicos de este valioso líquido.

Como en todo en lo que a ciencia se refiere, la observación es la principal herramienta que alienta la curiosidad y empuja a la investigación.

Es así como Galeno toma de Aristóteles y de Hipócrates el concepto de “humor”, para darle a la sangre un orden biológico, separándola del mundo inorgánico.

Y con base en la observación y conforme avanzaba el tiempo, describieron que la sangre corre a través de las arterias para después enfriarse y coagularse para transformarse en cada uno de los tejidos terminando en cada uno de ellos su recorrido.

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Bajo este concepto en cuanto a la composición y movimiento de la sangre permaneció sin cambios por prácticamente diecisiete siglos.

Hasta que en el siglo XVII llega William Harvey, un médico inglés quien cambia el concepto, no sólo sobre el movimiento de la sangre, sino también sobre su composición.

¿Te imaginas esto? Lo que nos dice que lo que se sabe de la sangre y el cómo estudiarla se ha conseguido en estos últimos 4 siglos, siendo el siglo XX el gran precursor.

Llegan entonces los grandes descubrimientos, como el de los eritrocitos, los leucocitos, las plaquetas, así hasta el llegar a obtener los métodos para contar las células de la sangre o ver el surgimiento de la morfología de las células hemáticas o enfrentarse a problemas sobre cómo descifrar el tema de la coagulación de la sangre.

Hasta llegar a nuestros días en donde a través de una química sanguínea, el médico puede determinar nuestro estado de salud, por ejemplo. Y como dijeran en algunos programas… esta historia continuará.